Un año después de la foto de Galileo: lo que hizo, no hizo y no le dejaron hacer a Almeida en movilidad

De desmantelar carriles bici a acordar con la oposición peatonalizaciones y medidas para favorecer el transporte sostenible, repasamos la montaña rusa en la que se convirtió el primer año de actuaciones en movilidad

Almeida y Villacís, fotografiando el momento en el que el Ayuntamiento desmanteló Despacio Galileo

Hace justo un año el Ayuntamiento empezaba a ejecutar el plan de sus nuevos inquilinos (Almeida y Villacís; PP y Ciudadanos) para revertir algunas de las actuaciones más polémicas en movilidad de la era Carmena y cambiar el orden de prioridades de la etapa anterior, muy centrada en los peatones y en otras formas de transporte sostenible.

Desde el 1 de julio estaba en vigor la suspensión de las multas en Madrid Central, mientras el área de Movilidad y Medio Ambiente estudiaba cómo cambiar la zona de bajas emisiones puesta en marcha por Inés Sabanés, una decisión que fue contestada con una multitudinaria manifestación en la calle y tumbada después en los tribunales. Ese día también había comenzado el desmantelamiento de Despacio Galileo, el proyecto de urbanismo táctico con el que el anterior concejal de Chamberí -Jorge García Castaño- quería reducir el tráfico de paso en el distrito pero que se quedó en una isla de macetas y espacio ganado para el peatón, sin continuidad en las calles aledañas.

Al día siguiente, el martes 2, se tomó la foto que encabeza este artículo. La sacó un fotógrafo municipal y muestra el gesto sonriente y satisfecho del entonces recién nombrado alcalde, Martínez Almeida, junto a una alegre Villacís, que grababa la escena en su teléfono móvil. Ambos habían pedido durante casi dos años la vuelta de los coches a este espacio peatonal y disfrutaban del momento. A su lado, algunos vecinos les jaleaban mientras otros les increpaban por ejecutar algo que no es habitual ver hoy en día: reducir el espacio peatonal para entregárselo al tráfico rodado.

Con todo lo que ha sucedido en los últimos 366 días, es probable que esa foto no se hubiera producido a día de hoy, cuando el alcalde acaba de pactar con la oposición pintar carriles bici provisionales para facilitar la movilidad sostenible, y montar un experimento de urbanismo táctico en el distrito de Salamanca. Pero entonces todo parecía posible: las vías ciclistas que creó Manuela Carmena eran calificadas como «inseguras» y su desmantelamiento había empezado por la Gran Vía de Hortaleza, con el foco también puesto en revertir los de Bulevares, calle Toledo o avenida de Oporto. Incluso se cuestionaba el de Santa Engracia.

Carril Bici Castellana

Ninguna de estas vías ciclistas se ha tocado desde entonces, porque el equipo de gobierno encontró un defensor inesperado de estas infraestructuras: Vox. El partido de Ortega Smith se convirtió durante las comisiones de Movilidad en uno de los principales defensores de los carriles bici segregados a través de su concejal Martínez Vidal. Una pregunta de este ciclista urbano convencido fue utilizada para el delegado del área -Borja Carabante- para anunciar el pasado mes de enero la construcción de un eje ciclista a lo largo de todo el Paseo de la Castellana. Esta era una antigua reivindicación de los colectivos ciclistas madrileños, que no tuvo calado durante el mandato de Ahora Madrid pero que verá la luz a partir del año 2021, según los planes municipales.

Poco después de este anuncio, el Ayuntamiento presentaba una ambiciosa ampliación de Bicimad con 50 nuevas estaciones y se comprometía a respetar los carriles bici previstos en el proyecto de remodelación de Plaza España, aunque cambiando su diseño para abandonar el modelo bulevares y ponerlos junto a la acera.

A esas alturas el Ayuntamiento también había renunciado a su idea de permitir la entrada de más coches en Madrid Central: Almeida y Carabante eran partidarios de dar vía libre por Madrid Central a los coches con etiqueta C, siempre que llevaran dos o más ocupantes, algo que nunca aclararon cómo controlarlo técnicamente. La idea no fue consensuada con Ciudadanos y, con el tiempo, quedó aparcada en un cajón. Aunque sí que se llegó a ejecutar un ligero recorte de su perímetro dejando abierta la calle Mártires de Alcalá.

Permitir entrar a más coches en la zona de bajas emisiones fue una de las propuestas estrella de la presentación a finales de septiembre de Madrid 360, que es la marca en la que el Ayuntamiento engloba toda su estrategia de movillidad y medio ambiente y evita, de paso, citar el nombre de Madrid Central. De momento, su medida más vistosa ha sido la puesta en marcha de dos líneas de bus gratuitas que permite cruzar el distrito Centro en autobús eléctrico. Van de Moncloa a Atocha (001) y de Argüelles a Puerta de Toledo (la 002) y sus primeras semanas de funcionamiento quedaron deslucidas por la llegada de la pandemia de Covid-19, que lo cambió todo.

La pérdida de espacios para el coche

El golpe del coronavirus sobre la ciudad parece haber dado un vuelco en las políticas llevadas a cabo hasta ahora en lo relativo a los desplazamientos. En términos de movilidad, el gran perjudicado por las medidas adoptadas por el Ayuntamiento para favorecer el transporte sostenible y la reactivación económica en Madrid es el vehículo privado. Primero llegaron las peatonalizaciones de varios kilómetros de calles durante los fines de semana para permitir los paseos, medida que se extenderá al menos todo el verano y que fue recibida con gran éxito de público por los madrileños. Luego llegó la puesta en marcha de decenas de kilómetros de carriles bus temporales para mejorar la velocidad de este transporte, uno de los más golpeados -junto al Metro- por el temor a compartir espacios públicos cerrados.

La penúltima pérdida de espacio para los coches -esta más testimonial- ha sido la cesión de plazas de aparcamiento para la instalación de terrazas de restaurantes y bares, muy golpeados por la crisis económica. Las primeras se instalaron en Chamberí y, según avance el verano, se irán concediendo más. Durarán al menos hasta el 31 de diciembre. Los carriles bici provisionales que el Ayuntamiento asegura que pintará este mismo mes serán los últimos en aprovecharse de un espacio que antes ocupaban los coches y que ahora se reparte entre otros medios de transporte.

Pero el acuerdo de gobierno PP-Cs tenía algunas medidas para favorecer a los vehículos motorizados privados, que se irán ejecutando en los próximos años y para las que ya se han anunciado los proyectos, en concreto el soterramiento de la A-5 en su entrada a Madrid, cuyo proyecto se licitó durante el confinamiento, y la ejecución del nudo norte, que dejó planificada el área de Urbanismo de Ahora Madrid. Ambos serán dos de los proyectos a los que más gasto dedique el consistorio durante esta legislatura.

El Ayuntamiento sabe que las condiciones actuales pueden resultar una tormenta perfecta para que el uso del coche se dispare con respecto al periodo anterior a la pandemia. Su uso crece cada semana, según los informes de hora punta publicados diariamente en la web municipal, y ya están a escasa distancia de los datos prepandemia (-6% de carga en el interior de la M-30 con respecto a julio del año pasado ayer mismo). La semana que viene, Almeida anunciará el contenido de los Pactos de Cibeles, que ha consensuado con el resto de partidos políticos para intentar mitigar, entre otros, este problema en ciernes.

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