Una luz en el túnel

Tengo algunos otros libros en las mesas de casa iniciados pero mi cabeza solo me ha dado para refugiarme en La Peste (Camus), una alegoría de la dureza incomprensible de la vida

Martes, 28 de abril de 2020. Ayer terminé de leer el libro más comprado, leído no lo sé, en este confinamiento. Lo tengo en la mesilla de noche y es la lectura que me induce el sueño. Y no es porque me aburra. Al revés, me reconforta. La Peste de Albert Camus como se imaginaban. En la última página, no se preocupen, no es spoiler, escribe Camus: «… algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio».

Todo el libro es una alegoría de la dureza incomprensible de la vida. Lo escribe Camus después de la Segunda Guerra Mundial y dentro de su obra es el título más militante. El protagonista, al final conocemos que es también el narrador, es un médico vocacional que se enfrenta en unas condiciones heroicas a la peste bubónica que asola la ciudad colonial de Orán en Argelia. Todo transcurre en un año escaso y la mayor parte del libro son reflexiones sobre la naturaleza humana y el debate moral y filosófico que los acontecimientos provocan en el ánimo de una serie de personajes muy representativos del drama que se vive en la ciudad. Conocemos de la abnegación de algunos, de la pusilanimidad de otros, del desdén de muchos hacia la realidad y su vocación de refugiarse en sus vidas privadas. De la piedad de unos pocos y el egoísmo rastrero de otros. Y sobre todo conocernos la lucha por la supervivencia, el afán de huir del confinamiento y de los horribles símbolos de la peste. Esas ratas precursoras, las tabernas sucias del arrabal, el viejo observador de los gatos…

Junto con el libro de Defoe del Año de la Peste han sido mi lectura refugio de esta cuarentena. Tengo algunos otros libros en las mesas de casa iniciados pero mi cabeza solo me ha dado para refugiarme en esos dos. Supongo, mejor dicho lo sé, que a muchos les ha pasado lo mismo. Han perdido la capacidad de evadirse del drama cotidiano. Supongo que nos recuperaremos.

Parece que vamos hacia la luz del final del túnel. Luego vendrán otros túneles tal como pasa al entrar de la meseta en las montañas de Asturias. Nunca sabes cual es el túnel final. Sólo sabes que va a haber niebla hasta Pola de Lena. Como poco.

En esas estamos.

Vayan preparando las zapatillas de correr.

Hasta mañana

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