Porto Pi, la gasolinera racionalista que fue demolida con nocturnidad… y después reconstruida

El surtidor fue ideado por Castro Fernández-Shaw en 1927 bajo inspiración de las construcciones navales y aeronáuticas. Su propio autor tuvo que ver cómo era demolido parcialmente cincuenta años más tarde

Gasolinera de la calle Alberto Aguilera

Una cubierta de hormigón que recuerda al ala de un avión y una enorme escotilla de un barco son los dos elementos que más llaman la atención de la Gasolinera Gesa, la joya arquitectónica que alberga el cruce de Alberto Aguilera con Vallehermoso. Una estación de servicio que se levantó en menos de dos meses, allá por el año 1927 y que se convirtió automáticamente en un ejemplo de arquitectura racionalista, uno de los primeros que se desarrollaron en Madrid.

El responsable de esta proeza arquitectónica fue Casto Fernández-Shaw, que por entonces acababa de cumplir 30 años y había ya trabajado para Antonio Palacios en su estudio, donde había coincidido con Pedro Muguruza, y también había recibido encargos de Carlos Otamendi. Tenía que construir una gasolinera para la compañía Petróleos Porto Pi, en un lugar donde empezaba la zona industrial de Madrid, cuyo límite marcaban los bulevares (entonces llenos de jardines y todavía con pocos coches).

Fernández-Shaw planteó un proyecto que marcó la entrada de España en la edad contemporánea. Diseñó una construcción funcionalista y sencilla, futurista, con amplios aleros y una gran torre que podría funcionar como altavoz. El proyecto se adelantó a su tiempo (el autor la definía como arquitectura de ingeniería, sin ningún estilo) gracias a sus líneas simples pero llamativas, fabricadas en hormigón y que es definida como un «extinto residuo de la vanguardia racionalista local».

Unos años más tarde (1935) la gasolinera fue reformada para albergar algunos elementos de servicio y en 1939 dejó de ser propiedad de Porto Pi, compañía que gestionaba en exclusiva en España el petróleo ruso, para pasar a formar parte de Gesa SL, que solo cambió los rótulos publicitarios en la estructura. Otro cambio de propiedad, ya en 1975, puso en peligro la pervivencia de la construcción. Gesa Carburantes, la empresa creada en ese momento, inició el 15 de marzo de 1977 la demolición sin licencia de su estructura. El hecho fue denunciado por la prensa y por los amantes de la arquitectura. Se logró paralizar, pero el daño estaba hecho: su escotilla característica había sido derruida.

«Más que por mí, siento lo ocurrido por los estudiantes de arquitectura», se lamentaba en una entrevista en El País el propio Fernández-Shaw, unos días después de la demolición. «Por mi estudio han pasado no sé cuántas promociones de arquitectos interesados en el proyecto de la desaparecida estación, que a lo largo de muchos años ha sido propuesto como inevitable ejercicio escolar», contaba.

Gasolinera de Petróleos Porto Pi, al poco de ser inaugurada

La demolición parcial no impidió que la gasolinera siguiera funcionando, pese a ser calificada de «vergüenza pública» en un artículo del diario ABC en 1988. Ya entonces se pedía su reconstrucción, cosa que hizo el propio Fernández-Shaw pero que no pudo ver cumplido, pues falleció un año después del derribo. No fue hasta el año 1996 cuando la Gasolinera Gesa resultó de nuevo reconstruida, siguiendo los planos originales, para conseguir la licencia de edificación del hotel que desde entonces la acompaña en su parte trasera.

No fue el último agravio que sufrió la estación de servicio de Vallehermoso. En verano de 2017, a la compañía Disney le pareció buena idea publicitar uno de sus estrenos de cine veraniegos, la película Cars 3, en este espacio. Para ello cubrió parte de su estructura con colores rojizo y dispuso cartones con los personajes de la película a lo largo de toda su estructura. La ciudadanía alertó a la dirección de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, que levantó expediente a la propietaria de la gasolinera.

Gasolinera Gesa, en la actualidad | SOMOS CHAMBERÍ

Actualmente, la Gasolinera Gesa está en proceso de ser declarada Bien de Interés Cultural (BIC). Cuenta desde el año 2016 con un procedimiento abierto por el gobierno regional con el objetivo de conseguir una catalogación que ya consiguió otro surtidor primo-hermano suyo, el de la avenida de Aragón, también obra del mismo arquitecto que el proyecto de Porto Pi.

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