1918: el rey Alfonso XIII, de visita en la casa de Joaquín Sorolla

El pintor valenciano con casa y estudio (ahora museo) en Martínez Campos fue retratista de los monarcas españoles durante la última etapa de su carrera

Alfonso XIII visita la Casa de Joaquín Sorolla | ARCHIVO GENERAL DE LA ADMINISTRACIÓN

El 9 de febrero de 1918, hace más de un siglo, el rey Alfonso XIII pasaba por la calle General Martínez Campos para visitar a uno de sus pintores de cabecera, Joaquín Sorolla. Lo hacía para comprobar cómo iba el retrato de su mujer -la reina Victoria Eugenia- que por aquel entonces estaba pintando el valenciano en su mansión.

La fotografía que publicamos sobre estas líneas muestra el momento en el que el monarca sale de la casa, con uniforme militar y guantes agarrados en la mano. A la derecha, un grupo de niñas con ropas humildes lo miran a pocos metros.

Alfonso XIII mantenía relación con Joaquín Sorolla desde que en el verano de 1907 lo convirtió en pintor real, después de varios encargos que ejecutó en el palacio de La Granja. El más famoso de ellos fue tal vez el del entonces joven monarca (tenía 21 años) con uniforme de los húsares. A la reina también le pintó un retrato que acabó con cierta polémica porque se expuso en Inglaterra, donde no gustó demasiado que apareciera como una mujer más, sin los atributos de la realeza.

No obstante, a Alfonso XIII le agradó y Sorolla pintó en más ocasiones a Victoria Eugenia de Battemberg. Una de las últimas fue durante el momento de la fotografía publicada sobre estas líneas. El cuadro, que actualmente se encuentra en el Palacio de Viana de Córdoba, representa a la reina con un vestido negro de tirantes. Inicialmente, en el boceto llevaba un collar largo y guantes, que no fueron representados en el lienzo final.

Victoria Eugenia, pintada por Joaquín Sorolla en 1918

Sorolla mantuvo una relación laboral y personal con Alfonso XIII, de la que quedan algunas muestras como la correspondencia entre ambos. Dos años de pintar el cuadro citado, el maestro valenciano sufrió una hemiplejia que le dejó paralizado el lado izquierdo del cuerpo y de la que no pudo recuperarse. En 1923 moría en su residencia veraniega de Cercedilla. Su familia decidía años más tarde reabrir la casa de Martínez Campos como museo dedicado al pintor, y como tal sigue.

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