Ángel Alda: «A la Plaza de Olavide le llamaban El Estómago de Chamberí»

Uno de los mejores conocedores de Olavide, punto neurálgico del distrito, habla de cómo ha cambiado el entorno, de sus vecinos y de los recuerdos que guarda, malos y buenos

Ángel Alda mira a la Plaza de Olavide desde la ventana de su casa | SOMOS CHAMBERÍ

Ángel Alda (Madrid, 1951) es probablemente el primer y único bloguero madrileño que habló durante años de un espacio tan pequeño como una plaza. De 2011 a 2017 publicó decenas de historias, narraciones, sucesos y detalles en La plaza de Olavide, una bitácora de referencia en Chamberí y que convirtió a su autor en el mejor conocedor del que muchos consideran el corazón del distrito.

Ángel llegó al barrio de Trafalgar hace más de 30 años, cuando se mudó al centro de Madrid desde su Prosperidad natal. Primero pasó por la calle Alburquerque y le gustó tanto el entorno que acabó comprándose una casa en un tercero de la Plaza de Olavide, cuando la vivienda todavía estaba a precios asumibles. Desde su ventana ha visto cambiar este espacio durante el último cuarto de siglo.

—SOMOS CHAMBERÍ: ¿Cómo era y cómo es la Plaza de Olavide?

—ÁNGEL ALDA: Olavide tenía una personalidad tremenda con el mercado hasta que desaparece en 1974. El escritor Paco Umbral lo llamaba entonces El Estómago de Chamberí. Con su derribo esa personalidad la pierde, pero consiguió recuperarla después gracias a la última reforma que se hizo, con un toque jardinístico y sin tráfico. Ahora es un lugar para el paseo, el relax, para disfrutar en un parque. Y sus terrazas están siempre llenas.

—¿Quién vive en Olavide y cómo está cambiando el vecindario?

—Recuerdo que en la calle Cardenal Cisneros estaban los tres estamentos: el de los comerciantes, el de los trabajadores y el de la nobleza. Todo eso ya ha desaparecido, ahora en el barrio sus habitantes son todos de clases medias, que viven en casas de alquiler. Por aquí abundan los jubilados, funcionarios del Estado, estudiantes… y extranjeros, sobre todo muchos franceses e italianos, tal vez por la implantación de Havas en Eloy Gonzalo (los galos) y por la cercanía del liceo italiano (los transalpinos).

Esta gente va cambiando, los mayores van desapareciendo y vienen descendientes más jóvenes a ocupar sus casas. Siempre que los que lleguen sean familias, iremos bien. El problema es si dejan de serlo y los pisos que quedan vacíos se dedican al alquiler turísticos. Las viviendas para turistas van a ser el próximo problema de este barrio. Aunque creo que no tiene mucho sentido sacarlas del alquiler a largo plazo, porque las casas se alquilan con contratos largos a 2.000-3.000 euros al mes, eso es muy rentable.

—¿Las tiendas también están cambiando con los vecinos?

—El comercio tradicional está desapareciendo, aunque en la plaza todavía quedan zapateros, tapiceros y oficios de este tipo. Pero cada vez se van instalando más negocios de hostelería. Empieza ahora a evolucionar hacia un modelo más gastronómico, porque antes siempre se había tendido a una hostelería más de barrio, de taberna, de bares de viejo, popular, de sentarse a tomar el pincho de tortilla con pimientos. Veremos hasta cuándo dura.

Yo no sé si es que Ponzano se les ha quedado corto o está muy caro, pero están viniendo muchos hosteleros de este tipo para acá. Esto se va a terminar por convertir en una especie de Ponzano 2 y puede terminar afectado por los mismos problemas de ruidos y convivencia. Pero yo creo que a mí ya no me pillará porque estos cambios ocurren a 10 o 20 años vista.

—Para los que lleváis viviendo décadas aquí ¿cómo lleváis la afluencia continua de gente al barrio?

—Los peores momentos llegan con la noche del viernes y del sábado. No puedes salir a la calle porque esto es un follón de gente imposible. De mayo a septiembre esta plaza es un agobio desde ese punto de vista. Mi mujer y yo nos tiramos los meses más intensos de Olavide en el pueblo de Galicia.

Pero el resto del año y por las mañanas el barrio es muy cómodo y además tenemos otras compensaciones: los ruidos son humanos, no son del tráfico. No hay contaminación, tenemos muchos árboles y todo a mano. Yo no cojo el Metro y autobuses muy pocos, porque puedes ir caminando a cualquier sitio, hay un montón de colegios e institutos en el entorno muy buenos… de hecho en este barrio las casas están muy cotizadas. Aquí se venden apartamentos por 500.000 o 600.000 euros y casas de 150 metros a casi un millón de euros. Es una barbaridad lo que se está pagando.

—¿Qué ocurrió con La plaza de Olavide? ¿Por qué dejaste de escribir?

—Tengo abandonado tanto ese como El Ángel de Olavide, que lo empecé en 2007. El de la plaza era un blog dedicado exclusivamente a hablar de lo que tenía más cerca, pero llega un momento en el que ya te cansas, porque necesitarías tener más ayuda de vecinos para seguir adelante. Además, la audiencia que tenían los blogs era muy corta, nos leíamos siempre los mismos. Creo que el salto lógico es el del periodismo de intervención, pero para eso hace falta más medios, más asociación con el movimiento ciudadano. En ese sentido, las asociaciones de vecinos están perdiendo diariamente la posibilidad de dedicarse a eso.

—De tus recuerdos de la Plaza de Olavide ¿cuál crees que son los peores?

—Justo antes de llegar yo a Trafalgar era un barrio duro: había droga y había mucho componente político asociado a la extrema derecha, que tenía la sede de Fuerza Nueva cerca, en Montesquinza. Aquí había hostias habitualmente y se han producido muertos por sus acciones terroristas, y un policía dejó malherido a tiros al abogado Carlos Slepoy. Aunque en los últimos tiempos ya casi no lo hacen, de vez en cuando venían los de Falange a dar un mitin en la plaza.

Pero lo peor era que en los ochenta había un deterioro de la convivencia tremendo. La droga altera todos los comportamientos ciudadanos de una manera bestial, porque crea miedos, repulsión, los vecinos se vuelven histéricos… un barrio miedoso es lo peor que le puede pasar a una ciudada. Esto ha ocurrido en muchas zonas de Madrid. Pero todo eso ya ha cambiado, afortunadamente.

—¿Y los mejores?

—El de las asambleas del 15-M en el centro de la plaza. Cuando se disolvió el campamento de Sol, los de Chamberí -que serían cuatro o cinco- decidieron que el sitio ideal para seguir reuniéndose  en el distrito era la Plaza de Olavide, tal vez por no haber tráfico y contar con sitio para sentarse. Yo he visto aquí asambleas con hasta 600 personas, como cuando participó en una de ellas el filósofo José Luis Sampedro. Entonces venía e intervenía gente de todo tipo, de las más variadas ideologías de izquierda a derecha, todos hablando con turnos y con toda aquella gestualidad de las manos arriba y eso. Tengo unos cuantos vídeos que lo documentan, en ellos se ve incluso a Pablo Iglesias y a gente que luego sería dirigente de Podemos participando.

Al final, la cosa se fue reduciendo y se reunían en un lado de la plaza. Al final eran unos veinte y llegó un momento en el que yo creo que les daba vergüenza ser menos y decidieron irse a un bar de la calle Monteleón y pasar a la clandestinidad, como yo digo. Después Podemos ocupó todo el espacio político.

—En las últimas elecciones municipales, los alrededores de Olavide votaron mayoritariamente a Carmena ¿Fue efecto de todo aquel movimiento ciudadano?

—A Carmena la votaron en Olavide porque ha tenido ese atractivo para las clases medias ilustradas que forman parte de este barrio, al igual que sucede en otras zonas como Malasaña. De las asambleas del 15-M han quedado en el barrio lugares como la Casa de la Cultura, o la celebración del 8-M en el distrito. En Chamberí hay activo un tejido social importante: Más social más que asociativo. Pero quizás no se supo capitalizar todo ese movimiento que se creó. ¿Pero dónde se ha sabido capitalizar? Tal vez en ningún sitio, lo que da cierta pena.

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