La ciencia y los expertos, los últimos brujos de la tribu

Hoy ser científico en el seno de cualquier partido te da un estatus privilegiado

Vistas desde el Hospital Clínico durante la pandemia del coronavirus | ÁNGEL ALDA

Martes, 24 de marzo de 2020. La incertidumbre es el gran motor del conocimiento. Gracias a ella sentimos la necesidad de explorar, de buscar respuestas. Y de ahí vienen los grandes logros de la humanidad. La filosofía y la ciencia.

Decía Prigogine que «el futuro es incierto… pero esta incertidumbre está en el corazón mismo de la creatividad humana“. En estos días todos confiamos en la ciencia, en la filosofía menos pues casi toda ella en nuestro tiempo se ha convertido en política. Los gobiernos dicen que se basan en la ciencia y en los expertos. Los políticos de cualquier partido también. Hoy ser científico en el seno de cualquier partido te da un estatus privilegiado. Y cuando hablamos de expertos en nuestro tiempo pandémico nos referimos a los virólogos, epidemiólogos, salubristas y otros muchos especialistas e investigadores.

Pero si todo fuese tan fácil ¿cómo es que los gobiernos adoptan políticas tan variadas?

Muchas razones. El gran poder de otros especialistas. Los economistas por ejemplo que determinan desde su ciencia oscura que se puede o no hacer. Pero sobre todo lo que se conoce como sesgos cognitivos que afectan a los propios científicos. Contaba ayer uno de nuestros mejores especialistas en gestión sanitaria, @repunomada, que los especialistas en cada rama de la ciencia sufren en particular de los siguientes sesgos: miopía, megalomanía y melancolía. Las 3 M. Miopía, ver solo su territorio. Megalomanía, lo mío es lo único que importa. Melancolía, si no me hacen caso la van a cargar.

Viene esto a cuento del asunto que tanto conmueve hoy a nuestros políticos y nuestros líderes sociales. El cierre total de toda actividad menos las esenciales. La Cuarentena Absoluta. Eso implica el cierre de todos los espacios que nos comuniquen con otras áreas donde no se respeten de la misma forma esos métodos. Hay expertos que creen a ojos cerrados en la virtud taumatúrgica de la medida. Otros que lo ponen en duda. Y otros más que se interrogan sobre la factibilidad del empeño. Empezando por definir que significa actividad esencial. Muy largo el debate. Y me temo que imposible.

No somos China con toda su capacidad de imponer un orden social. Pero somos España un país emocional y capaz de enormes sacrificios por los suyos. Seguro que encontramos el camino.

Me decía mi sobrino Miguel, muy pequeño él, al preguntarle qué hacía en la guarde, qué instrumento tocaba: toco lo que toca, me contestaba. Un día le caía la flauta, otro el tambor y él pues eso. Tocaba lo que le tocaba.

Me lo decía con una ingenuidad tan infantil que te desarmaba. Él no sabía que estaba hablando de la más importante lección de la vida. La adaptación. La capacidad de adaptarse. A veces hay que bailar con el más feo.

Que ustedes lo bailen bien. Y no se cabreen tanto ni con sus políticos, ni con sus científicos.

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